Huawei tiene un plan que puede ayudar a ponerle fin a su guerra con Trump
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Huawei tiene un plan que puede ayudar a ponerle fin a su guerra con Trump

Funcionarios chinos tienen claro que el presidente Trump es una figura inestable con una necesidad constante de aparecer como el “ganador” y humillar al otro bando.

Por: New York Times

(Thomas L. Friedman) -Tras una semana de entrevistas en Pekín, Shenzhen y Hong Kong, regresé con opiniones muy claras acerca de la controversia comercial entre Estados Unidos y China.

Hay dos frentes de batalla: el primero, la negociación, busca eliminar las barreras que enfrentan las empresas estadounidenses para competir en China; el segundo se refiere a las acciones que deben tomarse con respecto a Huawei, la enorme empresa china de redes de telecomunicaciones que Pekín considera la joya de la corona en la innovación nacional y el equipo de Trump cataloga como un dispositivo gigante de espionaje global.

Huawei tiene un plan que puede ayudar a ponerle fin a su guerra con Trump. | Foto: AP

Debemos tener presente ese nombre: Huawei. Los problemas que conlleva son igual de importantes que todos los demás temas de las conversaciones comerciales en conjunto.

En cuanto al frente de batalla comercial, abandoné China con la impresión de que, en el corto plazo, sí es posible un acuerdo de alcance limitado (reducir aranceles estadounidenses a cambio de que China reanude algunas compras, en particular de productos agrícolas, de Estados Unidos). Un acuerdo de ese estilo sería conveniente para ambas partes.

Sin embargo, también me quedé con la sensación de que es menos probable que el presidente Xi Jinping apruebe las amplias concesiones que exige Trump. En parte, porque Xi quedaría bajo demasiada presión de las industrias del Estado y los políticos de línea dura del Partido Comunista.

Pero, sobre todo, porque después de meses de amenazas impulsivas, aranceles, elogios y luego más amenazas por parte de Trump, muchos funcionarios chinos tienen claro que el presidente estadounidense es una figura inestable con una necesidad constante de aparecer como el “ganador” y humillar al otro bando; por lo tanto, no puede llegar a un acuerdo en el que ambas partes reciban beneficios (ni siquiera está garantizado que respete el acuerdo, en su caso). Así que lo mejor es dejar que las conversaciones se prolonguen.

No obstante, el asunto que se cierne sobre la relación es el futuro de Huawei, el mayor fabricante mundial de equipo para redes 5G y segundo de teléfonos móviles, solo detrás de Samsung y por delante de Apple.

Según nuestra preferencia, podemos creer que Huawei es una empresa de telecomunicaciones rudimentaria que se abrió paso desde su fundación en 1987 hasta superar los 100.000 millones de dólares en ventas en la actualidad, una capitalista descarada que alcanzó la cima gracias a que robó la tecnología de otras compañías o bien un dispositivo gigante que le permite a los servicios chinos de inteligencia escuchar conversaciones por todo el mundo, por lo que es necesario impedirle instalar cualquier tipo de equipo en Estados Unidos y erradicarlo de sus países aliados.

Imaginen que China le dijera a Apple que nunca más podrá fabricar o vender otro teléfono en China ni en los países asiáticos que sean sus socios comerciales… Lo que Trump le ha dicho a Huawei en Estados Unidos es algo parecido.

No sé si esta exigencia esté justificada (necesitaría tener acceso a datos de inteligencia estadounidense); lo que sí sé es que vale la pena hacer el esfuerzo de apaciguar la crisis con Huawei. De lo contrario, llegado el momento viviremos en un mundo dividido entre dos tecnologías, la zona china y la estadounidense, cuyo territorio estará separado a la mitad por un Muro de Berlín digital.

Por este motivo, me complació aceptar la invitación del fundador y director ejecutivo de Huawei, Ren Zhengfei, a una inusual entrevista en las oficinas principales de su empresa en Shenzhen, la cual aprovechó para proponer, por primera vez, negociaciones con el Departamento de Justicia con el fin de intentar resolver los asuntos pendientes entre Washington y Huawei.

Ren me dijo: “Si Estados Unidos abre un canal de comunicación de buena fe y promete cambiar su postura irracional hacia Huawei, claro que estamos dispuestos a dialogar.

Estados Unidos no debería intentar destruir a Huawei por una cuestión trivial. Si creen que hemos actuado mal, podemos conversar de buena fe y encontrar una solución razonable. Creo que ese enfoque es aceptable”.

Para efectos de énfasis, añadió: “No tenemos ninguna restricción en cuanto a lo que estaríamos dispuestos a dialogar con el Departamento de Justicia”.

Ren comentó que si Estados Unidos, que no cuenta con ningún fabricante autóctono de equipo para redes 5G, desconfía de que Huawei instale su equipo a gran escala en el país, entonces está dispuesto a otorgar en licencia la plataforma Huawei 5G en su totalidad, por primera vez, a las empresas estadounidenses que quieran fabricarla, instalarla y operarla, de manera independiente de Huawei (las otras proveedoras importantes de 5G son Nokia y Ericsson, empresas europeas cuyos productos son mucho más caros que los de Huawei).

Ren afirma que Huawei está “dispuesta a compartir sus tecnologías y técnicas 5G con empresas estadounidenses para que estas puedan construir su propia industria 5G. En ese caso, se crearía una situación equilibrada entre China, Estados Unidos y Europa”.

Aclaró, por supuesto, que “Estados Unidos debe aceptarnos en cierta medida para que esto pueda ocurrir”. Las empresas estadounidenses “también podrían modificar nuestras tecnologías 5G para que cumplan sus requisitos de seguridad”. Incluso pueden “cambiar el código del software. Así, el gobierno tendrá garantizada la seguridad de la información”.

Es evidente que este gesto equivale a ofrecer una rama de olivo, por una razón: Huawei generó una gran atención mediática en Estados Unidos en diciembre de 2018, cuando las autoridades canadienses declararon el arresto domiciliario de su directora de Finanzas (e hija de Ren), Meng Wanzhou, durante un viaje por ese país.

El arresto se debió a que el Departamento de Justicia solicitó su extradición por supuestas violaciones de Huawei a las sanciones estadounidenses impuestas a Irán, pero la ejecutiva negó los cargos.

(Cabe señalar que, en el periodo que la empresaria ha pasado en espera de su extradición a Estados Unidos en una mansión de Vancouver, China ha detenido a dos canadienses, a quienes mantiene aislados en condiciones deplorables, con la intención de forzar un intercambio. Canadá ha respaldado a Estados Unidos y se niega a ceder).

En enero, los fiscales estadounidenses lograron imputar en contra de Meng y Huawei veintitrés cargos, desde fraude electrónico y conspiración para estafar a Estados Unidos hasta robo de secretos comerciales.

Después, en mayo, el Departamento de Comercio incluyó a Huawei y a setenta de sus filiales en su lista negra, lo que significa que ninguna empresa estadounidense podrá venderles hardware, chips, software ni servicios sin antes obtener un permiso especial.

La lista negra a la exportación entrará en vigor el 19 de noviembre y, a partir de esa fecha, Google, cuyo sistema operativo Android viene de fábrica en los teléfonos Huawei, Microsoft, cuyo sistema operativo Windows está cargado en las computadoras Huawei, e Intel, cuyos chips corren las redes 5G de Huawei, no podrán hacer negocios con la mayor empresa de equipo telefónico de China.

Además, Trump está presionando incluso a las empresas extranjeras que dependen de tecnología estadounidense para que no utilicen los productos de Huawei.

Los funcionarios estadounidenses creen que Huawei, no contenta con violar las sanciones en contra de Irán, quizá instale “accesos ocultos” en su equipo para uso de las unidades chinas de inteligencia, aunque nadie ha detectado alguno de estos accesos hasta ahora, o al menos no se ha informado públicamente.

Por este motivo, el equipo de Trump no solo enfrenta la oposición de Huawei, sino también de algunos proveedores estadounidenses de la empresa que perderían una buena porción de sus negocios.

El presidente de Microsoft, Brad Smith, le dijo el lunes a Bloomberg Businessweek que cuando su empresa presionó a los reguladores para que explicaran la prohibición en contra de Huawei, “su respuesta fue: ‘Bueno, si supieras lo que sabemos, estarías de acuerdo con nosotros’, a lo que replicamos: ‘Muy bien, entonces digan qué saben para tomar nuestra propia decisión. Así funciona este país’”.

No tengo ni la menor idea de quién diga la verdad. Si Huawei en realidad ha actuado mal, presenten las pruebas para que quede incluida en la lista negra.

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Si no es tan claro, el equipo de Trump por lo menos debería considerar la oferta de Ren de buscar opciones para que Huawei deje satisfechos a los expertos estadounidenses en inteligencia y demuestre su buen comportamiento. Porque Huawei es solo la punta de un inmenso iceberg.

Durante los primeros treinta años de intercambio comercial entre Estados Unidos y China, las empresas chinas en general les vendieron a los estadounidenses artículos que calificaría como “triviales” o “superficiales” (ropa para cubrirse la espalda, zapatos para proteger sus pies y dispositivos electrónicos que ponían en sus oídos).

En cambio, ahora que China se está convirtiendo en una potencia tecnológica por su propio derecho, quiere venderle a Estados Unidos “tecnologías profundas” (como las instalaciones para redes 5G que quedan en las entrañas de sus sótanos, recámaras, fábricas e infraestructura de comunicación).

Por eso los funcionarios estadounidenses se preguntan: ¿Cómo podemos permitir que Huawei instale su tecnología 5G en nuestras ciudades, en nuestros hogares? ¿China podría utilizarla para espiarnos o desconectar la electricidad en caso de guerra? En cuanto a China, se hace las mismas preguntas con respecto a Estados Unidos.

Ambos países deben desarrollar nuevos marcos de confianza para el comercio de tecnologías profundas; de lo contrario, como escribió mi colega Raymond Zhong el 18 de julio, en adelante cada compra de equipo de telecomunicaciones, en vez de ser “una decisión de negocios, se convertirá en una decisión geopolítica, una prueba de alianzas nacionales con Washington o con Pekín”.

Ese mundo no solo estaría más fracturado; también sería menos próspero y pacífico.

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