La pandemia ha producido cambios profundos en el contexto económico, uno de ellos es que la cuesta de enero ya no es exclusiva de ese mes. Foto: Reforma.
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Para millones de mexicanos, la cuesta de enero aún no termina: UNAM

Por la situación actual, la gente que tiene un bajo nivel de ingresos no se libera del influjo de la cuesta de enero en todo el año, en que se realiza el esfuerzo por salir adelante con el ingreso percibido.

Por: Miguel Olivera

La pandemia ha producido cambios profundos en el contexto económico, uno de ellos es que la cuesta de enero ya no es exclusiva de ese mes. Foto: Reforma.

La pandemia ha producido cambios profundos en el contexto económico, uno de ellos es que la cuesta de enero ya no es exclusiva de ese mes. Foto: Reforma.

Se ha producido una drástica caída en la actividad económica por la paralización de actividades a que ha obligado la pandemia, en el esfuerzo por contenerla. El Banco Mundial ha señalado que esta es “… la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial, y la primera vez desde 1870 en que tantas economías experimentarían una disminución del producto per cápita.”

César Salazar López, académico del Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc) de la UNAM considera que la población mexicana que percibe los ingresos más bajos padecerá la cuesta de enero durante todo o buena parte del año.

El último trimestre de 2019, 38.5% de los trabajadores del país percibían un ingreso que no les alcanzaba para comprar una canasta de alimentos, para el mismo periodo de 2020 se incrementó a 44.5 por ciento. Este es un indicador de una cuesta de enero más pronunciada para muchas personas. Foto: Reforma.

En lo económico la sociedad mexicana está segmentada y en enero la situación se complica para quienes menos ganan por los gastos de diciembre, lo que se ha agravado por la emergencia sanitaria. La gente que tiene un bajo nivel de ingresos no se libera del influjo de la cuesta de enero en todo el año, en que se realiza el esfuerzo por salir adelante con el ingreso percibido.

Salazar dijo que en esta situación se encuentra un alto porcentaje de los mexicanos, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), considera que se trata de 50 por ciento de la población. Y se ha incrementado por la crisis. Aunque no se dispone del dato de la contracción económica, se estima en 9%.

El sustento de la actividad económica es el intercambio de bienes y servicios, al no ser eso posible la economía se derrumba, ha ocurrido en México y el resto del mundo. Se registró una recuperación el segundo semestre de 2020, pero al iniciarse el nuevo confinamiento han vuelto las complicaciones.

Ha habido cambios en el manejo de la situación, ahora se han paralizado menos actividades y el sector informal se ha afectado menos que cuando empezó la crisis sanitaria, entonces las repercusiones en el empleo y el crecimiento podrían ser menores.

El nuevo confinamiento puede provocar más desempleo en algunas regiones del país o bien que las condiciones laborales sean más precarias. El desempleo no pone de manifiesto las condiciones persistentes en el mercado de trabajo, pues las personas laboran en lo que sea pues les resulta apremiante obtener un ingreso, y cuando la situación es extrema no importa ya el monto del salario. Y ahí entra la cuestión de la delincuencia.

Salazar dijo que en el tercer trimestre de 2019, 38.5% de los trabajadores del país percibían un ingreso que no les alcanzaba para comprar una canasta de alimentos, y en el tercer trimestre de 2020, la cifra se incrementó a 44.5 por ciento. Se puede tomar este como indicador de una cuesta de enero más pronunciada para muchas personas.

A estas circunstancias adversas se suma que la crisis económica es la peor desde la de 1929-1933. Cuando cae el PIB aumenta de manera significativa el desempleo y el en el sector informal se emplea 50 por ciento de la población. He ahí la precariedad de las condiciones de trabajo.

¿Qué hay de las deudas?

Ante esta situación de decremento en el ingreso de muchas de las familias, Salazar recomienda que no se usen las tarjetas de crédito para financiar el gasto familiar, y que de ser posible tampoco se usen para adquirir bienes duraderos.

Agregó que si es inevitable el uso de la tarjeta de crédito debe hacerse el esfuerzo para pagar intereses y si es posible un poco de capital cada mes y hacer los pagos de manera puntual, debido a que las comisiones vinculadas a los créditos pueden ser considerables. Al acumularse el crédito se pagan cantidades que no corresponde con lo consumido cuando se usó la tarjeta.

Para bien o para mal, una gran parte de la población mexicana tiene acceso a tarjetas bancarias, y si obtienen alguna es con tasas de interés muy altas, a veces superiores al 100%.

En esa situación, las personas se ven obligadas a obtener recursos del financiamiento no convencional como cajas de ahorro y tandas. No es recomendable esto por el riesgo a que se cometan fraudes.

Sugiere Salazar López que antes de tratar de obtener dinero en esas opciones de financiamiento las familias reestructuren sus gastos y que eviten el consumo de servicios no indispensables.

Y antes de empeñar objetos es necesario conocer la valoración del bien porque al ser más comercial puede resultar más valioso, también saber cuál es la tasa de interés que se cobrará, y hacer los refrendos necesarios. Es recomendable se haga un esfuerzo para no contraer más deudas.

Para Salazar López el punto crucial es el del empleo, afirmó: “lo mejor sería que todos tuviéramos un empleo bien remunerado, pero por desgracia no ocurre así, la economía nacional pasa por un mal momento.”

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