¿Las parejas de hoy prefieren una mascota que un hijo?
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¿Las parejas de hoy prefieren una mascota que un hijo?

Porque mantener a una mascota parece menos costoso, es uno de los motivos del por qué las parejas millenials y maduras se decantan por tener una mascota a un hijo

Por: María Guadalupe Parral García

“Las mascotas se están convirtiendo en un reemplazo de los hijos, ya que son menos costosos, se pueden tener -incluso- si no se tiene una pareja y ofrecen compañía”, así lo afirma Jean Twenge, psicólogo de la Universidad de San Diego, California. Lee Podrán dos personas pedir crédito Infonavit, sin estar casados

Aunque, para saber a ciencia cierta si la mayoría de las parejas de hoy prefieren tener una mascota en casa que hijos, tendríamos que hacer una encuesta laboriosa; sin embargo, estudios recientes revelan que, efectivamente, las parejas millenials y maduras se inclinan por un perro o gato que a una pareja para su compañía por diversos motivos.

Según una investigación de Pew Research Center, la generación millenial, no desea estar en un trabajo donde alguien los mande, no les gusta gastar dinero en una casa, prefieren viajar y, además, tienen 50% menos probabilidades de vivir con una pareja, en comparación con las personas que tuvieron su juventud hace 50 años.

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Esta generación prefiere invertir su dinero en actividades de interés personal y crecimiento profesional, razones por las que el matrimonio tampoco es una prioridad y mucho menos, la maternidad o paternidad. Y eso no es cualidad exclusiva de lo millenial, algunos adultos piensan igual.

¿Cómo andamos en cifras?

En este sentido, y siguiendo con esa investigación, el 71% de los hombres encuestados dijo tener un perro.

Por lo tanto, este sector encuentra más compañía en los canes; en contraste con las mujeres donde el 62% de las mujeres se decantó por ellos. En el caso de los gatos, el 48% de los hombres dijo tener uno, a comparación del 35% de las mujeres.

¿Por qué las parejas prefieren a una mascota que a un hijo?

Hoy en día, la mayoría de las parejas citadinas prefieren ahorrarse los gastos que implican criar un hijo, y mejor, disfrutar ese dinero en sí mismos y en sus mascotas. Asimismo, no les parece prudente tener niños en un país con problemas ambientales, políticos, económicos y sociales, aspectos que solo les darían una mala calidad de vida.

Y otro punto a resaltar es que las parejas con esta perspectiva, tienden a ser aquellas que dedican la mayor parte de su tiempo a su profesión; o bien, son gente exitosa y emprendedora.

Otros estudios

Hace unos años, los sociólogos de la Northeastern University, Arnold Arluke y Jack Levin decidieron averiguar en qué medida es cierto que los humanos tendemos a empatizar más con animales de compañía que con personas. Para ello, mostraron a 240 hombres y mujeres un texto con apariencia de artículo periodístico en el que se describían actos criminales. 

Estas historias incluían una parte en la que podía leerse cómo un asaltante le había propinado una paliza a alguien usando un bate de baseball. En una versión del artículo que sólo era leído por algunas personas, este asaltante atacaba a un cachorro de perro hasta romperle algunos huesos y dejarlo inconsciente.

Mientras que en versiones alternativas de este mismo artículo quien recibía los golpes era un perro adulto, un bebé o un ser humano adulto de unos 30 años.

Después de leer una de estas versiones del artículo, y sin saber que se trataba de historias ficticias, cada una de las personas que participaron en el estudio puntuaron en una escala el grado en el que empatizaban con la víctima y se sentían afligidas por lo que le había pasado.

Los resultados no dejan en una posición demasiado feliz al ser humano adulto, cuya historia fue la que dejó más indiferentes a la mayoría de los voluntarios. El artículo que produjo más consternación fue el del bebé humano, seguido de cerca por el del cachorro, mientras que la historia del perro adulto quedó en tercera posición.

La empatía por el ser desvalido

Arluke y Levin señalan que a la hora de despertar sentimiento de empatía importa tanto la especie como la edad. Sin embargo, la variable que parece explicar más nuestra respuesta emocional en estos casos no es la especie del ser que está en peligro, sino el grado en el que percibimos que es un ser desvalido e indefenso.

De este modo puede explicarse por qué un perro adulto nos despierta más compasión que un ser humano de 30 años. El primero nos parece menos capaz de proteger su propia vida porque vive en un mundo controlado por nuestra especie.

En otro experimento dirigido por miembros de la Georgia Regents University y el Cape Fear Community College, varios investigadores se centraron en ver cómo empatizamos con los animales cuando toca enfrentarse a un dilema moral.

Concretamente, se propusieron ver en qué medida nos comportamos mejor con animales o con humanos usando como muestra un grupo de 573 personas de prácticamente todas las edades. Estos participantes fueron puestos en una situación hipotética en la que un autobús descontrolado ponía en riesgo la vida de dos seres (un humano y un perro) y debían elegir a cuál de los dos salvar.

Los resultados de este estudio, publicados en la revista Anthrozoos, muestran una vez más cómo la empatía con mascotas o humanos no puede predecirse sólo atendiendo a la especie a la que pertenece la víctima potencial. A la hora de dar una respuesta, los participantes tuvieron en cuenta quién era el humano en riesgo y quién era el perro.

El 40% de las personas prefirieron ayudar al can cuando este era descrito como su mascota y el humano era un turista anónimo, y sucedió algo parecido cuando la persona era alguien desconocido de la misma ciudad (un 37% se decantaba por salvar al perro). Pero sólo un 14% prefería salvar al perro cuando tanto él como la persona eran anónimos.

Curiosamente, además, las mujeres que participaron en el experimento mostraron una propensión mayor a ofrecerle protección al cuadrúpedo. Más o menos, la posibilidad de elegir salvar al perro se doblaba cuando quien respondía era una mujer.

Es tu decisión

Quizá este experimento podría parecer más imaginario que real, pero lo curioso es comprobar cómo algunos animales han conseguido introducirse en el área de nuestras operaciones morales y son capaces de ser tratados como seres hacia los que orientar nuestras decisiones y nuestra ética.

Finalmente, quien tiene la decisión es el mismo ser humano, sobre tener para compañía de su vida y familia una mascota; o bien, decidirse por procrear un hijo. Creemos que en el libre albedrio y esto es ejemplo de ello. 

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